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E L   I N F A N T E   Y   S U    A P R E N D I Z A J E
         Podría haber cierta controversia a qué edad los infantes deberían de empezar a recibir sus primeras lecciones en el edificio de la iglesia. Algunos tal vez podríamos estar en contra por el supuesto caso de que el edificio se convierta en una guardería de infantes y no en un lugar donde se edifica el alma de quienes asisten a los servicios. Pero cuando uno considera la capacidad del cerebro infantil y las destrezas de hermanas que quieren enseñar a los bebes uno puede ver que
 los resultados pueden ser diferentes. Obviamente se requiere la participación de los padres de familia (Papá y mamá), quienes desde su hogar deben colaborar para que los infantes al llegar a esa clase infantil puedan ir mostrando progreso.  Uno de los conceptos que debemos considerar es que en los primeros años del infant, y en su proceso de desarrollo todos observamos que el cerebro es  como "una gran esponja" que 
¿Puede un INFANTE de unos cuantos meses de nacido aprender algo de la Biblia?
 absorbe información fácilmente, lo cual sucede más que en otras etapas del desarrollo. Son tiempos importantes, cuando el cerebro abre sus ventanas y los datos entran como luces y forman el aprendizaje que estará por el resto de la vida. Esto continúa a través de los siguientes años de la infancia y en la etapa de la adolescencia. Un ejemplo es el de los niños escolares que con una simple exposición aprenden gramática y significado de su idioma natal. Pero lo que ahorita nos ocupa es el progreso y crecimiento de los infantes, quienes pueden aprender himnos y mensajes bíblicos en su ambiente adecuado. Mavis Hetherington en su libro de Psicología Infantil afirma que el cerebro de los infantes pesa el 25 % de lo que sería su peso en la vida adulta (pg. 180); además de eso, la conexión sináptica que se da entre las células cerebrales es a una velocidad impresionante. Hay un fenómeno cerebral que se llama “Lateralización Cerebral”, el cual se refiere al proceso por el cual 
cada hemisferio del cerebro desarrolla ciertas habilidades ya sean el habla o cualquier otra actividad motriz (pg. 185). Según Mavis Hetherington “La importancia del ambiente en el desarrollo del cerebro ha sido demostrado desde el año 1902; entonces, las estructuras del sistema nervioso necesitan cierto ambiente que estimule el desarrollo propio del cerebro, para que el tamaño y función del cerebro pueda ser modificado por la experiencia” (pg. 187). Entonces, las clases bíblicas infantiles también ayudan a que los infantes crezcan en una manera saludable, no solo para que se vayan familiarizando con los sonidos y formas espirituales, sino también para que su desarrollo cerebral vaya madurando. Pero, mientras que el aprendizaje sea posible, debe considerarse que este será lento y más difícil, por eso será necesaria la paciencia de los padres y maestras. Algún progreso y más destrezas serán posibles a través de la vida. Sin embargo, es importante que durante este período en que el pequeño está más interesado y listo para aprender, al niño se le provea con mejores oportunidades. 
Por Bob & Sandra Waldron
       Padres, ¿se dan cuenta de la responsabilidad que se echaron a cuestas cuando decidieron tener su primer bebé? Miren a su bebé que yace en su cuna; es totalmente inocente; es una pequeña partícula de la humanidad, pero también es un alma viviente que existirá para siempre. Todavía estará en existencia cuando este universo se haya quemado con fuego ardiente, pero ¿dónde estará él? ¿Pasará la eternidad en la dicha del cielo, o en las torturas del infierno? La respuesta depende sumamente de la manera en que ustedes críen a su hijo. Dios les ha puesto ese bebé en sus manos y la justicia prohíbe que se entregue la responsabilidad de criarlo y enseñarlo a otra persona. Es una tarea demasiado importante para que sea relegada a otros.  Desde el momento en que el bebe nace,
la responsabilidad de ustedes, la más importante en el mundo, será enseñarle los principios por los cuales él debe vivir. Los próximos 21 años será un tiempo ocupadísimo para ustedes. El tendrá que aprender las habilidades que son necesarias para la vida diaria; él necesitará aprender a trabajar con otras personas y tomar su lugar en la sociedad; y por sobre todo, él tendrá que aprender a amar a Dios y servirle con todo su corazón. El niño es incapaz de hacer esto por sí mismo. ¿Qué harán ustedes para ayudarle? Si su hijo ya tiene dos años y no le han contado docenas de las historias bíblicas, habrán descuidado algunos de los más importantes años de su vida. Los psicólogos han demostrado que las cosas que son de importancia que se nos enseñan los primeros dos años de vida tienden a permanecer importantes por el resto de nuestras vidas. Dios es lo más importante de todo, así que El ciertamente debería ser incluido en la enseñanza de esos dos años. La fe producida en la infancia puede crecer y madurar a través de los años, sin que surjan mayores cuestiones de incredulidad. Los bebés aprenden mejor si reciben atención personal; así que, los padres tienen la responsabilidad principal de enseñarles a esta edad. Si su bebé aún no camina ni habla un poquito, entonces aún no está capacitado para hacer frente a un grupo. El necesita que se le digan las historias bíblicas mientras se sienta en las rodillas del padre o en el regazo de la madre. Ustedes tienen algunas lecciones muy importantes que enseñarle durante los primeros dos años, y enseñar estas lecciones es la responsabilidad de ustedes, y no de alguna niñera que se le llama “maestra”, en el sitio de reunión de la iglesia.  Por cierto no hay nada de "malo" que haya una clase para los bebes en el sitio de reunió, pero tampoco es necesaria para tener bebés bien enseñados. Ni tan siquiera es una parte necesaria de un buen programa de enseñanza en el sitio de reunión. Según mi experiencia puedo decir, que después de un mes, 
es imposible diferenciar cual de los bebés de dos años comenzó una clase bíblica en los primeros meses de su vida, y cuál comenzó cuando cumplió su segundo año de vida, pero es muy fácil darse cuenta de cuáles fueron enseñados por sus madres desde el momento que llegaron a este mundo. Léale a su bebé historias bíblicas. Nosotros tenemos una muy buena amiga que cuando fue al hospital para tener su primer bebé, llevó consigo un libro de historias bíblicas. La primera vez que las enfermeras le trajeron su bebé, ella le leyó una historia. Por supuesto, el bebé no le podía entender las palabras aquel primer día, pero supongamos que ella continuó leyéndole cada día. Las nuevas madres están muy ocupadas, pero indudablemente las madres tienen tiempo de leerle una historia cuando alimentan al bebé. De esta manera el bebé asocia la lectura de una historia bíblica con el sentimiento más agradable de ser acurrucado y alimentado, mucho antes de que entienda las palabras. A medida que vaya madurando poco a poco, estos serán los primeros pensamientos que empiece a recordar. Amarán las historias cariñosamente antes de que sea posible que comprenda su significado completo. El apóstol Pablo dijo que Timoteo conocía las sagradas escrituras “desde la niñez” (2 Timoteo 3:14). La palabra griega en este pasaje traducida “niñez” se refiere a la más temprana infancia; de hecho, aun se usa para hablar del niño antes de su nacimiento. En el caso que mencioné arriba, el niño contaba historias bíblicas de una manera fluida a los tres años. ¡Sí funciona! No desatienda aquellos primeros años preciosos.  Una ventaja de comenzar a leerle historias antes de que el bebe pueda entender las palabras es  
CANTELE A SU BEBE HIMNOS ESPIRITUALES
LEALE A SU BEBE LA BIBLIA
ORE JUNTO CON SU BEBE A DIOS
 que usted le lea las historias de manera como va a contar las historias.  La mayoría de nosotras nos sentimos inseguras sobre cómo hablar a nuestros bebés. Queremos que ellos aprendan la Biblia, pero al tratar de contar las historias no nos sentimos capacitadas para hacerlo. Si usted comienza a leerle historias a su recién nacido de manera regular, usted estará construyendo su propio repertorio de historias en su mente. Después de un tiempo, un día cuando el bebé se sienta de mal humor e inquieto, y usted necesite algo para calmarlo, una de estas historias que usted ha leído saldrá de su mente y usted se verá contándola de una manera calmada y cómoda. A los pequeñitos les encanta escuchar el sonido de su voz; ellos quieren su atención, y ellos merecen el tiempo que se les da. Muchas veces los bebés que lloran suelen calmarse con la voz de su madre que les canta o les habla. Tómese el tiempo de hablarle de Jesús mientras le cambia los pañales, o cuéntele la historia del hijo pródigo cuando le esté alimentando con la cuchara. La hora de comer es una buena hora para contarles historias, especialmente en aquellas ocasiones cuando la madre y el bebé están solos. Aproveche la oportunidad de contarle una historia bíblica cuando usted esté pelando las papas, doblando ropa, o un gran número de actividades ordinarias que no requieren concentración. Háblele a su hijo mientras trabaje. Cuéntele la historia favorita de él otra vez. A medida que crezca, repase la lista de nombres que esté aprendiendo este trimestre en su clase bíblica.  A veces la familia pasa muchas horas en el auto cuando esta de viaje, y los niños tienen la tendencia de estar inquietos, ya que no pueden moverse a gusto, esta es una oportunidad
para combatir el problema, aproveche este tiempo para contarle una historia o cantarle un himno o un corito. Alguna vez al leer o contar una historia favorita, ponga una grabadora, y después, cuando el bebé empieza a tomarse una siesta, tóquele la grabación. Compre un cassette o disco con buenos cánticos espirituales (asegúrese de escucharlos antes de tocárselos a los niños para saber si el contenido es bueno). Deje que el bebé se duerma escuchando los himnos, o deje que los escuche cuando usted vaya de compras.   Me he dado cuenta de una tendencia muy triste en los padres de hoy.  Haga el siguiente ejercicio cuando tenga la oportunidad.  Mire a su alrededor cuando vaya conduciendo hacia el centro en alguna calle muy 
transitada, y fíjese cuántos autos se ven con uno de los padres y un bebé. Continúe observando y vea si el padre o madre habla al bebé. Observé a una joven madre que salió del negocio con su bebé, puso al bebé en su asiento, puso las bolsas de compras, entró en el auto, se acomodó y se fue. Todo este proceso se hizo en silencio. La madre estaba en su mundo y el bebé en el suyo. ¡Qué triste! El tiempo que pasan juntos debería ser un tiempo para compartir; deben compartir no sólo el lugar, sino también los pensamientos. Usted pierde un tiempo precioso que podría ocuparse en conocer los pensamientos de su hijo, en ayudar a que el bebé conozca los de los padres, y de gozarse de la compañía mutua. Háblele del niño Moisés, o de por qué el cielo es azul, o por qué las moscas tienen alas, o de cualquier pensamiento que le venga a la mente. Usted estará ayudando a ese pequeña persona a darse cuenta de lo que le rodea y ayudarle a ser todo lo que Dios quería y quiere que toda persona llegue a ser.  A medida que su bebé crezca un poco, continué leyendo, compartiendo juntos el buen libro Divino.  Leale y cuentele las mismas historias una y otra vez, no se canse ni desmaye aunque siga usando cada vez las mismas frases simples. Use ayudas visuals muy simples y   
 que usted pueda construir en casa. Ensaye haciendo figuras con líneas ilustrativas de los puntos principales de alguna de sus historias favoritas y ponga sus “cuadros” en la puerta del refrigerador (o donde sea que usted pegue tales cosas en su casa) y deje que el niño use los cuadros para “decirle” la historia. Su niño puede empezar a decir las historias por sí mismo tan pronto como pueda decir unas pocas palabras. Haga una pausa en su repetición de las frases simples de su historia favorita y deje que él interponga las palabras claves. Uno de los tesoros mas apreciados en nuestra casa es la grabación de nuestra hija cuando ella era muy pequeña. En la cinta ella “cuenta” la historia de Jonás y la del Hijo Pródigo, completando las palabras claves a medida que su padre le daba el resto de la frase. Se puede escuchar su demostración de cómo la ballena vomitó a Jonás sobre tierra seca. El hijo de usted también puede hacerlo. Léale o cuéntele la historia con el mismo entusiasmo que pondría cuando le lea un libro del Dr. Seuss, o cuando le dice el cuento de los tres ositos. Algunas personas piensan que el único modo que se muestra reverencia a Dios es teniendo una voz solemne cuando se habla de El. Las historias bíblicas son emocionantes. Cada emoción conocida por el hombre se menciona en la Biblia. Hay historias que tocan nuestros corazones y nos debieran hacer llorar; hay eventos que ocurrieron que son divertidos. Ayude a su hijo para que él pueda ver estas emociones y experimentarlas con los personajes bíblicos. Pero también a la vez, enséñele respeto hacia la palabra de Dios. Ríanse juntos de situaciones divertidas que aparecen en la historia bíblica, pero no haga burla de personajes o situaciones bíblicos. No tome a la ligera un himno que se usa en la adoración de Jehová. El cantar era una parte normal de nuestras vidas cuando nuestros hijos estaban creciendo. Nos reíamos y jugábamos juntos, inventando canciones sin sentido de algo que hubiera ocurrido en el día, pero teníamos mucho cuidado de no usar algún himno espiritual para hacerlo parte de nuestro juego. Los niños estaban siempre listos a corregirnos si nosotros usábamos, descuidadamente, la melodía de un himno espiritual. Esto podría parecer un cosa menor, pero la reverencia a Dios es básica en nuestra relación con El. Dios prohibió que el pueblo de Israel usara en vano el nombre del Señor (Exodo 20:7). Esa ley prohíbe las maldiciones, blasfemias de Su nombre, y todo tipo de uso de Su nombre empleando palabras corrompidas; también prohíbe todo uso del nombre de Dios en chistes, bromas, canciones, y cuentos que emplean de manera despectiva el nombre de Dios y las cosas espirituales, pues se aproximan a la blasfemia, porque hablan de las cosas sagradas sin que el pensamiento de lo sagrado esté presente. Esta es una lección de suma importancia que puede enseñarse mejor con el ejemplo.
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